Buenas tardes, España. Permitid que, primero, me disculpe por la interrupción. Yo, como muchos de vosotros aprecio la comodidad de la rutina diaria, la seguridad de lo familiar, la tranquilidad de la monotonía. A mí me gusta tanto como a vosotros.
Sin embargo, me veo obligado a irrumpir en vuestra vida cotidiana por asuntos que, considero, son dignos de vuestra atención.
Estoy seguro de que habéis podido notar nuestra lamentable situación. Los impuestos suben, los salarios bajan y la tasa de desempleo se dispara. Se abarata el despido, se recorta en sanidad y educación, hay riesgo de epidemias de las que antes nadie se había preocupado, ya que al fin y al cabo, ¿a quién le importan las enfermedades africanas?
Pero por supuesto, ustedes permanecen indiferentes ante esto. Continúan con su vida, van a trabajar, pagan sus impuestos y aceptan en silencio las asfixiantes medidas del gobierno.
Prestamos atención a pequeños escándalos como unos viajes a Canarias y, de ese modo, olvidamos los grandes fraudes. Pujol, Urdangarín, Camps... todos ellos tapados por una delgada sábana. Delgada, sí, pero sin embargo a algunos de ustedes les es imposible ver a través de ella, caer en la cuenta de la red de mentiras que se está tejiendo en nuestras vidas.
Vivimos en un mundo dónde a un niño le es más fácil dibujar un arma que una familia feliz. Dónde no nos inmutamos cuando vemos en el telediario millones de muertos en una catástrofe natural pero lloramos cuando nuestro equipo gana el mundial. En un mundo dónde aquellos que defienden la libertad, la igualdad y la solidaridad son perseguidos y encarcelados bajo el pseudónimo de terroristas, o por un supuesto enaltecimiento del terrorismo.
Pero díganme, mis estimados altos cargos, ustedes que observan nuestros movimentos desde arriba: ¿Qué causa más terror, un grupo de personas exigiendo la dimisión de un puesto público ante las puertas de su lugar de trabajo, o el saber que, debido al abaratamiento del despido, van a desahuciarte y te verás con tu familia en la calle, sin nada? ¿Quienes son los verdaderos terroristas?
Sí, nos miráis como si fuésemos diminutas hormigas y estuvieráis fuera de nuestro alcance. Os divertís tirándonos migas de pan y viéndonos pelear por ellas. Bien, yo propongo un juego nuevo: dejar las migas y atracar la panadería.
Creéis que somos simples hormigas, pero somos más que eso. Somos una parte fundamental de vuestro ecosistema. Y en el momento en que nos demos cuenta de lo necesarios que somos para vuestra supervivencia, de los muchos que somos en comparación de vosotros... en ese momento desearéis no habernos dado motivos para rebelarnos y luchar contra vosotros.
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